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lunes, 8 de junio de 2015

CUANDO LA EDUCACIÓN HACE DAÑO: MADRES TÓXICAS


Hablamos de madres tóxicas, no obstante, cabe aclarar también que hay padres tóxicos y abuelos tóxicos.
Pilares en la educación de los niños que lejos de fomentar una madurez personal y una seguridad con la cual, poder abrirse posteriormente al mundo, no hacen más que anclar pesadas cadenas vetando por completo la independencia física y emocional de esa persona.

Ahora bien, cabe decir que el rol de la madre tiene casi siempre, un peso más intenso en la educación de los niños. Es ella quien establece ese vínculo de cuidado y afecto tan estrecho con ese recién nacido, que día a día, irá desprendiéndose de sus brazos para avanzar con seguridad por el mundo sabiéndose amado, teniendo siempre ese referente que le ha aportado un amor incondicional pero saludable, con el que madurar de modo inteligente.

LAS MADRES TÓXICAS:
OFRECEN UN AMOR A SUS HIJOS HOSTIGANTE A LA VEZ QUE INMADURO.
PROYECTAN SOBRE ELLOS SUS INSEGURIDADES PARA REAFIRMARSE PERSONALMENTE, Y ASÍ, TENER MAYOR CONTROL SOBRE SUS VIDAS Y SOBRE LA DE SUS HIJOS.


¿QUÉ HAY DETRÁS DE LA PERSONALIDAD DE LAS MADRES TÓXICAS?

Puede que nos llame la atención, pero detrás del comportamiento de una madre tóxica, está el amor. Ahora bien, todos sabemos que a la hora de hablar del amor, existen dos caras de una misma moneda: está esa dimensión capaz de propiciar el crecimiento personal de la persona, ya sea a nivel de pareja o a nivel familiar, y a su vez, está también ese lado más tóxico donde se ejerce un amor egoísta e interesado, a veces hasta asfixiante, que puede ser completamente destructivo.

Lo preocupante, es que los familiares que despliegan las artimañas de la toxicidad, lo hacen hacia criaturas que están en pleno proceso de maduración personal, ahí donde debe asentarse su personalidad, su autoestima… Todo ello, irá esculpiendo en ellos grandes vacíos, grandes inseguridades en ocasiones insalvables.

DIMENSIONES PSICOLÓGICAS PERFILAN A LAS MADRES TÓXICAS:

1. PERSONALIDAD INSEGURA
En ocasiones, suele esconderse una clara falta de autoestima y autosuficiencia que les obliga a ver en sus hijos “esa tabla de salvación” a la cual modelar y controlar para tener siempre a su lado, para que cubran sus carencias.

El ver por ejemplo que sus hijos empiezan a ser autónomos, que ya no las necesitan tanto y que poco a poco son capaces de hacer su vida, supone para ellas una gran ansiedad, puesto que temen ante todo quedarse solas. De ahí que sean capaces de desplegar “hábiles artimañas”, para seguir teniéndoles cerca e incluso justificarles que debe ser así, y un modo de hacerlo es proyectando en los niños desde el inicio su misma falta de autoestima, y su misma inseguridad.


2. OBSESIÓN POR EL CONTROL
 La necesidad por tener controlado cada aspecto de sus vidas, hace que acaben haciendo lo mismo en la vida de sus hijos. No son capaces de ver los límites. Para ellas, control es sinónimo de seguridad, de algo inmanente que no cambia, y lo que no cambia es bueno porque les hace sentir bien.

Lo complicado de esta dimensión es que suelen ejercer el control pensando que con ello, hacen el bien y que así demuestran amor por los demás. “Yo te hago la vida fácil controlando tus cosas para que seas feliz”, “Yo solo quiero lo mejor para ti, y por ello evito que puedas equivocarte”…

El control llevado a cabo desde la justificación del cariño, es el peor acto de la sobreprotección. Impedimos con ello que los niños sean autónomos, capaces y valientes. Y aún más, que aprendan de sus errores.


3. LA PROYECCIÓN DE LOS DESEOS INCUMPLIDOS
 “Quiero que consigas lo que yo no tuve“, “No quiero que caigas en mis mismos errores”, “Quiero que llegues a ser aquello que yo no puede conseguir”.

En ocasiones las madres tóxicas proyectan en sus hijos los deseos incumplidos de su propio pasado, sin preguntar si quiera qué es lo que ellos desean, sin darles opción a elegir, pensando que con ello, les demuestran un amor incondicional, cuando en realidad, es un falso amor. Un amor interesado.


¿CÓMO ENFRENTARNOS A UNA MADRE O A CUALQUIER FAMILIAR “TÓXICO”?

–Sé consciente de que debes romper el ciclo de la toxicidad. Has vivido durante mucho tiempo dentro de él, sabes las heridas que te ha dejado, sin embargo, ahora ya comprendes que necesitas abrir tus alas para ser tú mismo. Para ser feliz. Te va a costar, pero debes empezar a decir “No”, a poner en voz alta tus necesidades y a alzar tus propios muros, esos por los que nadie debe pasar.

-Es tu madre, o es tu familia, los quieres y sabes que romper ese ciclo de toxicidad puede causar algún daño. En ocasiones, decir la verdad de lo que uno siente hace daño a los demás, pero es una necesidad vital. Se trata solo de marcar límites y dejar claro lo que permites o lo que no. No deseas causar daño alguno, debes dejarlo claro, al igual que debe quedar constancia de que tampoco tú quieres ser herido/a nunca más.

-Reconoce la manipulación. Hay veces que es tan sutil, que no nos damos cuenta, así que atiende cualquier palabra, cualquier comportamiento. Y sobre todo, no caigas en las redes de la “victimización”, puesto que es un recurso fácil al cual suelen recurrir las personas tóxicas y las madres tóxicas. Alzarse como las más dolidas, las más heridas, cuando en realidad, al que han hecho daño es a ti. Tenlo siempre en cuenta.

Cortesía imagen: Anna Radchenko


jueves, 31 de julio de 2014

DOCE PASOS PARA ACTIVAR TU "YO ALENTADOR".

A continuación te explico doce pasos para conseguirlo. 

Los tres primeros tienes que llevarlos a cabo en un momento en que te encuentres tranquilo y contento pues consisten en preparar el material que utilizarás cuando llegue el desánimo. Los pasos restantes son para realizarlos cuando estés necesitando apoyo y aliento:

1.- Toma conciencia y entra en contacto con tu faceta más optimista, positiva y paciente. La podrás descubrir recordando momentos en los que hayas ayudado a levantar el ánimo a otras personas.  Haz una lista de al menos diez situaciones así. Recuerda cómo actuaste en esas ocasiones, lo que pensabas y lo que sentías. Descríbelo con detalle. Después lee lo escrito y revive en tu imaginación las escenas que vayan viniendo a tu mente. En el momento en que te estés viendo claramente en esa actitud, párate, respira hondo y ancla en tu memoria ese aspecto de ti, tu “yo alentador”, poniendo la mano derecha sobre tu corazón. Reafírmate en la confianza de que sabes apoyar, sabes dar aliento y sabes escuchar y animar. Prométete que invocarás esta faceta de ti mismo cuando lo necesites.

2.- Elabora una lista de ejemplos de superación personal de tu propia vida: Momentos en los que estuviste desorientado y finalmente encontraste un nuevo rumbo, situaciones en las que te sentías incapaz pero lograste salir adelante, etc… Es decir, experiencias de tu vida que hablen de tu capacidad de afrontar adversidades y transformarlas en oportunidades para crecer y aprender.

3.- Recopila ejemplos de resilencia: Historias, biografías, películas o vídeos que hablen de otros seres humanos afrontando situaciones difíciles y saliendo airosos del reto.

4.- Cuando estés en un momento de desánimo, empieza por leer la lista de escenas que describen los momentos en los que ayudaste a otros y, mientras lo haces,  coloca tu mano derecha sobre el corazón para conectar con tu “yo alentador”.

5.- Desde esa actitud positiva, e igual que lo harías con un ser querido, háblate con cariño recordándote que, más allá de logros o fracasos, eres digno de amor. Date la bienvenida a tu corazón por ser parte de la vida, por ser único y porque aunque ahora no te lo parezca, tu huella es importante y tienes tu sitio y función.

6.- Regálate lo antes que puedas, un tiempo de escucha para poder descubrir lo que te está sucediendo. Búscate un lugar tranquilo, pon una música suave que te resulte entrañable pero no te distraiga, toma papel y lápiz y ves respondiendo a las preguntas que te indico a continuación. No fuerces las respuestas, deja que vayan apareciendo. Sé paciente contigo mismo, como lo serías con un buen amigo: ¿Qué te está sucediendo? ¿Qué daño o qué pérdida estás sufriendo? ¿Con qué área de tu vida está relacionado? ¿Te asustan algunas circunstancias que tienes que afrontar? ¿Desde cuando te sientes desalentado o confundido? ¿Qué te preocupa? ¿Qué significado le das a ese asunto? ¿Qué consecuencias negativas crees que tendrá para ti? ¿Cómo podrías disminuir esos perjuicios? ¿Ves alguna solución? ¿Crees que hay algo que tú puedas hacer para sentirte en paz ante esta situación?

7.- Ahora que ya te has escuchado es momento, aunque aún no sepas como responder a la situación, de recordarte que tienes capacidad para superar este obstáculo. Repasa la lista de tus momentos de superación personal que ya tienes preparada. Recuérdate que la fortaleza que tuviste en esas ocasiones sigue estando en ti y por lo tanto ahora, si confías, también será posible afrontar el reto y avanzar.
                          
8.- Repasa también el material de ejemplos de resilencia que tienes recopilado y elije lo que más te atraiga para volver a verlo o leerlo.  Encara esas historias como una forma de recordar la infinita capacidad de aprender y evolucionar del ser humano, y por lo tanto, tu propia capacidad.

9.- Sácate de paseo. Llevate a dar una caminata a paso rápido para liberar energía. Si puede ser hazlo por un lugar dónde haya árboles, esté cercano al mar o por la orilla de un río. Concéntrate en la belleza del paisaje y repite en tu interior frases de aprecio por lo que ves.

10.- Trae a tu memoria todo aquello que da sentido a tu vida. Lo que te motiva y te inspira. Si tienes algún collage o foto que represente tus sueños o tus objetivos, es momento de mirarla y dejarte llenar por las sensaciones positivas que te produzca ver esas imágenes.

 11.- Vuelve a poner la atención en tu estado de ánimo. ¿Cómo te encuentras ahora? Acepta la respuesta que surja aunque no aparezca la mejora que esperas. Es importante dar espacio a ese desasosiego que sientes para poder entenderlo. Igual que sucede cuando caminas en la oscuridad con una linterna y sólo alcanza la luz para alumbrar un próximo paso, tienes que permitirte ir poco a poco.

12.- Mímate. Trátate con delicadeza. Pon más atención que nunca a tu diálogo interior. Guíate por la intuición y el afecto y elije frases que puedas ir repitiendo en silencio y te reconforten.